Blanca nube que airosa y libre flotas
en el azul y alto mar del cielo,
quisiera llegar a ti en mágico vuelo
y convertirme en una de tus gotas.
Viajaría así por los anchos caminos
que invisibles abren para tí los vientos,
hasta que tu agua descienda al suelo sediento,
a apagar la sede de las plantas. Es tu destino.
Más yo no caería al azar y en cualquier lado,
buscaría hacerlo sobre bellas flores
pues sería una gota pretenciosa.
Descendería en un jardín bien cultivado,
donde son pródigos aromas y colores
y me posaría en el pétalo encarnado de una rosa.
lunes, 1 de febrero de 2010
Crueldad del hombre
Hombre, criatura la última llegada a la tierra,
cuando viniste la obra era acabada;
lo útil disponible, la belleza creada,
estaba a tu alcance todo lo que ella encierra.
¿No te bastaba disponer de los bienes necesarios
que hieres, destruyes lo bello de la naturaleza?
Parecieras odiar a la misma belleza,
como si te placiera el papel de victimario.
Al llegar tú estaban las montañas, los bosques y prados,
los ríos caudalosos, los gentiles arroyuelos,
las nubes, el aire puro, el azul y claro cielo,
las plantas y flores, las claras fuentes, los lagos sosegados.
Las aves cantaban, las aguas murmuraban,
se ondulaban los pastos, susurraban los vientos,
describían las gacelas sus gráciles movimientos,
se abrían las flores y el néctar las abejas libaban.
¡Oh! son muchas las cosas hermosas encontradas,
mucha la belleza delicada y fina
y que están siendo destruidas por tu mano asesina;
para tu codicia y egoísmo no hay cosa respetada.
Hoy las aguas son peligrosas, el aire venenoso,
todo se degrada, se destruye, se derrumba;
la morada de todos, para todos será tumba,
especies enteras mueren, hay un futuro horroroso.
Debiste haber llegado como hermano, como amigo,
con benevolencia para todos, con amor fraternal,
¿porqué no elegiste el bien y te dedicas al mal?
Así como te comportas, ¡eres un enemigo!
cuando viniste la obra era acabada;
lo útil disponible, la belleza creada,
estaba a tu alcance todo lo que ella encierra.
¿No te bastaba disponer de los bienes necesarios
que hieres, destruyes lo bello de la naturaleza?
Parecieras odiar a la misma belleza,
como si te placiera el papel de victimario.
Al llegar tú estaban las montañas, los bosques y prados,
los ríos caudalosos, los gentiles arroyuelos,
las nubes, el aire puro, el azul y claro cielo,
las plantas y flores, las claras fuentes, los lagos sosegados.
Las aves cantaban, las aguas murmuraban,
se ondulaban los pastos, susurraban los vientos,
describían las gacelas sus gráciles movimientos,
se abrían las flores y el néctar las abejas libaban.
¡Oh! son muchas las cosas hermosas encontradas,
mucha la belleza delicada y fina
y que están siendo destruidas por tu mano asesina;
para tu codicia y egoísmo no hay cosa respetada.
Hoy las aguas son peligrosas, el aire venenoso,
todo se degrada, se destruye, se derrumba;
la morada de todos, para todos será tumba,
especies enteras mueren, hay un futuro horroroso.
Debiste haber llegado como hermano, como amigo,
con benevolencia para todos, con amor fraternal,
¿porqué no elegiste el bien y te dedicas al mal?
Así como te comportas, ¡eres un enemigo!
A mi madre
Ya no estás a mi lado, madre mía,
pero creo que tu espíritu pervive
y buscando llegar a él, mi mano escribe
lo que dicta mi corazón: esta elegía.
Madre, una vez yo fui tu niño
y me tuviste dormido en tu regazo;
¡como quiero volver a ser pequeño y en tus brazos
sentir otra vez que me envuelve tu cariño!
Mi amor no amenguó ni se ha extinguido,
es una estrella que aumentó su magnitud,
pues le agregué mucha, cuantiosa gratitud
cuando advertí cuanto de ti he recibido.
No solo los preciosos jugos con que me nutriste,
sino los desvelos, afanes y cuidados
que de niño ¡y aún adulto! me has brindado.
Quizás ni tú misma supieras cuanto diste.
¿Es verdad que las almas viven siempre, que no mueren?
Si es así, la tuya ¿dónde se encuentra hoy?
Si lo supiera, sin tardanza, dispuesto como estoy,
iría a encontrarte donde fuere.
Pero la muerte, que inflexible te llevó consigo,
no tardará mucho en buscarme a mí.
Quizás me haga el mayor bien, puesto que así
correría alborozado a estar de nuevo contigo.
pero creo que tu espíritu pervive
y buscando llegar a él, mi mano escribe
lo que dicta mi corazón: esta elegía.
Madre, una vez yo fui tu niño
y me tuviste dormido en tu regazo;
¡como quiero volver a ser pequeño y en tus brazos
sentir otra vez que me envuelve tu cariño!
Mi amor no amenguó ni se ha extinguido,
es una estrella que aumentó su magnitud,
pues le agregué mucha, cuantiosa gratitud
cuando advertí cuanto de ti he recibido.
No solo los preciosos jugos con que me nutriste,
sino los desvelos, afanes y cuidados
que de niño ¡y aún adulto! me has brindado.
Quizás ni tú misma supieras cuanto diste.
¿Es verdad que las almas viven siempre, que no mueren?
Si es así, la tuya ¿dónde se encuentra hoy?
Si lo supiera, sin tardanza, dispuesto como estoy,
iría a encontrarte donde fuere.
Pero la muerte, que inflexible te llevó consigo,
no tardará mucho en buscarme a mí.
Quizás me haga el mayor bien, puesto que así
correría alborozado a estar de nuevo contigo.
¡Injusticia!
Hoy acudió a mi puerta, pidiendo por caridad,
una niñita tierna, inocente y desvalida;
ante el patético cuadro mi alma conmovida
se vio inundada de vergüenza y de piedad.
Vergüenza por el tremendo crimen cometido
al permitirse que esa mano infantil se tienda pidiendo pan
en vez de estar acariciando una muñeca.
De esta culpa, ¿hay acaso algún arrepentido?
Y la piedad inundó mi corazón
y el llanto asomar hizo a mis ojos.
Sentí piedad, mucha piedad, pero también enojo
ante una sociedad a la que mancha este baldón.
Esta criatura ¿porqué no está entregada
a los juegos inocentes de la infancia
en vez de recorrer larga distancia,
demandando una ayuda que a veces, ¡ay! será negada?
Niñita desdichada, víctima indefensa e inocente,
¿aún brota de tu boca infantil alegres risas?
¿aún cantas, aún juegas como niña? ¿Oh! que prisa
se dio la vida para herirte tan cruelmente!
La pequeña gran tragedia conmovió hondamente el alma mía
puse el pan que pedía, en esa mano tendida, en esa mano pequeña;
pero aún el llanto de mis ojos se despeña,
pues no pude darle más... ¿tengo las manos vacías!
una niñita tierna, inocente y desvalida;
ante el patético cuadro mi alma conmovida
se vio inundada de vergüenza y de piedad.
Vergüenza por el tremendo crimen cometido
al permitirse que esa mano infantil se tienda pidiendo pan
en vez de estar acariciando una muñeca.
De esta culpa, ¿hay acaso algún arrepentido?
Y la piedad inundó mi corazón
y el llanto asomar hizo a mis ojos.
Sentí piedad, mucha piedad, pero también enojo
ante una sociedad a la que mancha este baldón.
Esta criatura ¿porqué no está entregada
a los juegos inocentes de la infancia
en vez de recorrer larga distancia,
demandando una ayuda que a veces, ¡ay! será negada?
Niñita desdichada, víctima indefensa e inocente,
¿aún brota de tu boca infantil alegres risas?
¿aún cantas, aún juegas como niña? ¿Oh! que prisa
se dio la vida para herirte tan cruelmente!
La pequeña gran tragedia conmovió hondamente el alma mía
puse el pan que pedía, en esa mano tendida, en esa mano pequeña;
pero aún el llanto de mis ojos se despeña,
pues no pude darle más... ¿tengo las manos vacías!
domingo, 31 de enero de 2010
Calma
Tras de la tempestad viene la calma,
tras de las agitaciones el sosiego.
A estas realidades yo me apego
porque hoy las vive mi alma.
Es la suerte que la vida nos depara,
y así tormenta de pasiones la agitaron
y no pocas veces la martirizaron,
antes de que la calma la ganara.
Es como el día en un sereno atardecer;
lo azotaron tormentas, vendavales tal vez,
antes de alcanzar esta bella placidez
y parecer que nunca hubo de padecer.
Esto también le sucedió a mi alma,
furores formidables tuvieron sus pasiones,
vendavales fueron sus ambiciones.
Solo ahora, en el ocaso, sobreviene la calma.
Mi alma y el día demuestran afinidad
en esto de tener agitación, luego sosiego;
solo que yo veré ya pocos días de este juego
y el día lo verá una eternidad.
tras de las agitaciones el sosiego.
A estas realidades yo me apego
porque hoy las vive mi alma.
Es la suerte que la vida nos depara,
y así tormenta de pasiones la agitaron
y no pocas veces la martirizaron,
antes de que la calma la ganara.
Es como el día en un sereno atardecer;
lo azotaron tormentas, vendavales tal vez,
antes de alcanzar esta bella placidez
y parecer que nunca hubo de padecer.
Esto también le sucedió a mi alma,
furores formidables tuvieron sus pasiones,
vendavales fueron sus ambiciones.
Solo ahora, en el ocaso, sobreviene la calma.
Mi alma y el día demuestran afinidad
en esto de tener agitación, luego sosiego;
solo que yo veré ya pocos días de este juego
y el día lo verá una eternidad.
Misiones y mi alma
Misiones tiene color, de color está teñida
su pequeña pero rica geografía. Rojo suelo,
verdes plantas, flores, aves, azul purísimo el cielo.
Mi alma es misionera y por eso es colorida.
En Misiones en el aire hay canciones,
y en las aguas, en los pastos, el follaje,
que el viento esparce hasta llenar el paisaje.
Es misionera mi alma y canta dolores, gozos y emociones.
Es cálida Misiones, a veces en demasía y derrama
entonces calor impiadosamente desde el cielo,
que calcina los pastos, seca las fuentes y resquebraja el suelo.
Mi alma por ser misionera cuando ama, es con calor, fuego, llama.
En Misiones hay misterios y hay leyendas,
la gran alma misionera tiene secretos sepultos
en sus montes, en sus ríos, quizás para siempre ocultos.
Por ser misionera sucede que a veces a mi alma no comprenda.
Pero lo que sí mi alma muy bien percibe
es que todo cuanto es mi ser salió de este suelo rojo
y un día lo devolveré con mis despojos.
Más entretanto, de Misiones soy un pedazo que vive.
su pequeña pero rica geografía. Rojo suelo,
verdes plantas, flores, aves, azul purísimo el cielo.
Mi alma es misionera y por eso es colorida.
En Misiones en el aire hay canciones,
y en las aguas, en los pastos, el follaje,
que el viento esparce hasta llenar el paisaje.
Es misionera mi alma y canta dolores, gozos y emociones.
Es cálida Misiones, a veces en demasía y derrama
entonces calor impiadosamente desde el cielo,
que calcina los pastos, seca las fuentes y resquebraja el suelo.
Mi alma por ser misionera cuando ama, es con calor, fuego, llama.
En Misiones hay misterios y hay leyendas,
la gran alma misionera tiene secretos sepultos
en sus montes, en sus ríos, quizás para siempre ocultos.
Por ser misionera sucede que a veces a mi alma no comprenda.
Pero lo que sí mi alma muy bien percibe
es que todo cuanto es mi ser salió de este suelo rojo
y un día lo devolveré con mis despojos.
Más entretanto, de Misiones soy un pedazo que vive.
A una avecilla
En ese árbol que en el jardín alza sus ramas,
graciosa avecilla, instalaste tu morada
y la planta dichosa y halagada,
goza al brindarte techo, abrigo y cama.
Pero mi gozo es igual o mayor al contemplarte,
ver tu grácil vuelo, escuchar tu canto.
Es mucha mi admiración, mi cariño es tanto,
más, ¿cómo no conocerte sin amarte?
Admiro todas tus gracias, tu sencillez singular,
el candor de tu divina inocencia,
la falta de ambición de tu existencia.
Sólo pides granos en el suelo y aire para volar.
Tú no tienes deseos afiebrados de riqueza y de poder,
en tu pecho no hay tumulto de pasiones,
no vas tras de quimeras y vanas ilusiones;
sencillísima es tu vida, es puro y claro tu ser.
Me hace feliz verte vivir sin enojos,
aún en los rigores de la estación más fría;
verte, escucharte, siempre me dará alegría.
Eres solaz para mi alma, deleite para mis ojos.
graciosa avecilla, instalaste tu morada
y la planta dichosa y halagada,
goza al brindarte techo, abrigo y cama.
Pero mi gozo es igual o mayor al contemplarte,
ver tu grácil vuelo, escuchar tu canto.
Es mucha mi admiración, mi cariño es tanto,
más, ¿cómo no conocerte sin amarte?
Admiro todas tus gracias, tu sencillez singular,
el candor de tu divina inocencia,
la falta de ambición de tu existencia.
Sólo pides granos en el suelo y aire para volar.
Tú no tienes deseos afiebrados de riqueza y de poder,
en tu pecho no hay tumulto de pasiones,
no vas tras de quimeras y vanas ilusiones;
sencillísima es tu vida, es puro y claro tu ser.
Me hace feliz verte vivir sin enojos,
aún en los rigores de la estación más fría;
verte, escucharte, siempre me dará alegría.
Eres solaz para mi alma, deleite para mis ojos.
Recuerdos felices
Entre los bienes que mi espíritu atesora
figuran los recuerdos de horas placenteras,
a veces de un momento fugaz pero brillante, ¡feliz hora!
Por fortuna la vida no solo pesares nos depara.
El tiempo en su incesante y rápida carrera
conduce los hechos vividos al olvido, indiferente,
más tales recuerdos se niegan a su muerte,
viven y vivirán conmigo y sólo morirán cuando yo muera.
Y vivos se aparecen en mi mente y en mi alma,
son flores que abren sus corolas nuevamente,
rayos de sol que otra vez entibian e iluminan,
melodía que como ayer resuena dulcemente.
En la senda que la vida me señala y que yo sigo,
busco tenaz la dicha, alegría y placeres;
pero el hado, avaro la más de las veces, me las niega,
más por fortuna hay algunas gozadas y las bendigo.
Están en los bellos recuerdos, del olvido resguardadas,
ya existen, no son esfuerzos vanos ni quimeras;
vienen si las evoco, o vienen a su antojadiza manera.
Y renuevan mi gozo... son sueños realizados.
figuran los recuerdos de horas placenteras,
a veces de un momento fugaz pero brillante, ¡feliz hora!
Por fortuna la vida no solo pesares nos depara.
El tiempo en su incesante y rápida carrera
conduce los hechos vividos al olvido, indiferente,
más tales recuerdos se niegan a su muerte,
viven y vivirán conmigo y sólo morirán cuando yo muera.
Y vivos se aparecen en mi mente y en mi alma,
son flores que abren sus corolas nuevamente,
rayos de sol que otra vez entibian e iluminan,
melodía que como ayer resuena dulcemente.
En la senda que la vida me señala y que yo sigo,
busco tenaz la dicha, alegría y placeres;
pero el hado, avaro la más de las veces, me las niega,
más por fortuna hay algunas gozadas y las bendigo.
Están en los bellos recuerdos, del olvido resguardadas,
ya existen, no son esfuerzos vanos ni quimeras;
vienen si las evoco, o vienen a su antojadiza manera.
Y renuevan mi gozo... son sueños realizados.
sábado, 30 de enero de 2010
El niño descalzo
Tremendo choque recibí esta vez,
fría, muy fría era la noche, y ese niño desvalido
junto a la pared se acurrucaba aterido,
tenía los pies descalzos, descalzos estaban sus pies.
¡Pobre niño!, tan temprano sumido en la indigencia,
calladamente sufría sin una voz de protesta,
¡pero su figura hablaba y tenía esta
de una voz atronadora la potencia!
Decía de la criminal inequidad del mundo
que hace que unos tengan tanto y otros no tengan nada.
Y así nacen estas víctimas sin piedad condenadas,
¡pero en un niño el crimen es de nivel más profundo!
Que los de la parte satisfecha, libres de toda estrechez,
vean en el cuadro un dedo que acusador
señala que por su falta no tiene el niño techo y calor,
no tiene abrigo su cuerpo y ¡están descalzos sus pies!
¡Sí! tú, ser ahíto y satisfecho, conmuévase tu corazón,
socorre a ese pequeño sumido en el dolor,
vence tu egoísmo, redímete por el amor
y para hacerlo, sincero, pídele perdón.
Y mi ruego a ti, ¡oh Dios! allí donde estés
haz bajar a este mundo tu mano justiciera
que distribuya los bienes de mejor manera.
Que este niño está sin techo y abrigo ¡y están descalzos sus pies!
fría, muy fría era la noche, y ese niño desvalido
junto a la pared se acurrucaba aterido,
tenía los pies descalzos, descalzos estaban sus pies.
¡Pobre niño!, tan temprano sumido en la indigencia,
calladamente sufría sin una voz de protesta,
¡pero su figura hablaba y tenía esta
de una voz atronadora la potencia!
Decía de la criminal inequidad del mundo
que hace que unos tengan tanto y otros no tengan nada.
Y así nacen estas víctimas sin piedad condenadas,
¡pero en un niño el crimen es de nivel más profundo!
Que los de la parte satisfecha, libres de toda estrechez,
vean en el cuadro un dedo que acusador
señala que por su falta no tiene el niño techo y calor,
no tiene abrigo su cuerpo y ¡están descalzos sus pies!
¡Sí! tú, ser ahíto y satisfecho, conmuévase tu corazón,
socorre a ese pequeño sumido en el dolor,
vence tu egoísmo, redímete por el amor
y para hacerlo, sincero, pídele perdón.
Y mi ruego a ti, ¡oh Dios! allí donde estés
haz bajar a este mundo tu mano justiciera
que distribuya los bienes de mejor manera.
Que este niño está sin techo y abrigo ¡y están descalzos sus pies!
Alma prisionera
Alma mía, de nuevo en ti se advierte
el ansia profunda de ir donde nadie ha ido,
que es misterioso, tal vez peligroso, y desconocido.
Donde quizá no habiendo vida, no haya muerte.
Tienes hambre y sed de lejanías,
piensas que atrofian tus alas por falta de acción,
que mi pobre ser aún sin rejas ni candado es prisión.
¡Cuánto pugnas por irte, alma mía!
Porque yo soy de barro, de grosera materia,
sólo con débiles ojos alcanzo el cielo y los astros.
Tú sabes bien que por la tierra me arrastro
y que sólo por tenerte se eleva mi miseria.
Yo sé que tu anhelo es hondo y muy fuerte,
y por no cumplirlo tu unión a mí es condena;
pero espera -no mucho- que rompa las cadenas
ese agente formidable que es la muerte.
el ansia profunda de ir donde nadie ha ido,
que es misterioso, tal vez peligroso, y desconocido.
Donde quizá no habiendo vida, no haya muerte.
Tienes hambre y sed de lejanías,
piensas que atrofian tus alas por falta de acción,
que mi pobre ser aún sin rejas ni candado es prisión.
¡Cuánto pugnas por irte, alma mía!
Porque yo soy de barro, de grosera materia,
sólo con débiles ojos alcanzo el cielo y los astros.
Tú sabes bien que por la tierra me arrastro
y que sólo por tenerte se eleva mi miseria.
Yo sé que tu anhelo es hondo y muy fuerte,
y por no cumplirlo tu unión a mí es condena;
pero espera -no mucho- que rompa las cadenas
ese agente formidable que es la muerte.
Los versos
Los versos no se fabrican, ellos vienen
a dar calor, a dar luz al alma y al corazón,
con las manos cargadas de belleza y emoción.
Si no quieren venir, esquivos y alejados se mantienen.
Es inútil que la mente pretenda darles vida,
no hallará fórmulas para tan delicado cometido,
ellos vendrán, solos, sin anuncios, alharacas ni ruido,
del mundo misterioso donde nacen. Región por nadie sabida.
Y no vendrán sin rumbo, sino con destino marcado sabiamente
a alojarse en ciertas almas de las que harán su morada,
y que los recibirán jubilosas, alborozadas
¡Quién sabe desde cuando esperaban recibirlos, vanamente!
A esas almas elegidas, al momento de nacer,
mandó la Poesía un hada que con mágica varita
la tocara y dotara de ese don que el mundo necesita,
para recibir los versos y darlos a conocer.
Alma elegida, a tí se te privilegió para cumplir esa meta,
y aunque no crees los versos, los recibes de la diosa,
y haciendo oir su música, y ver su gracia de rosas,
regalas emoción, regalas belleza con tus manos de poeta.
a dar calor, a dar luz al alma y al corazón,
con las manos cargadas de belleza y emoción.
Si no quieren venir, esquivos y alejados se mantienen.
Es inútil que la mente pretenda darles vida,
no hallará fórmulas para tan delicado cometido,
ellos vendrán, solos, sin anuncios, alharacas ni ruido,
del mundo misterioso donde nacen. Región por nadie sabida.
Y no vendrán sin rumbo, sino con destino marcado sabiamente
a alojarse en ciertas almas de las que harán su morada,
y que los recibirán jubilosas, alborozadas
¡Quién sabe desde cuando esperaban recibirlos, vanamente!
A esas almas elegidas, al momento de nacer,
mandó la Poesía un hada que con mágica varita
la tocara y dotara de ese don que el mundo necesita,
para recibir los versos y darlos a conocer.
Alma elegida, a tí se te privilegió para cumplir esa meta,
y aunque no crees los versos, los recibes de la diosa,
y haciendo oir su música, y ver su gracia de rosas,
regalas emoción, regalas belleza con tus manos de poeta.
jueves, 21 de enero de 2010
El paso de las penas
Como el viento que en su marcha incesante
solo un momento se detiene en el follaje,
y enseguida, como urgido, reanuda su viaje,
así igual que este inveterado caminante,
o como las aguas del arroyo y del río,
que no tienen pausas en su largo andar
hasta su meta lejana, el lejano mar
y que rectas viajarían sino encontraran desvíos,
¡oh!, si fueran como el agua, como el viento
el penar, los penares que me abruman,
nadie les pide llegar, si llegan nada les hace partir.
Quiero que su paso solo dure unos momentos,
que tengan prisa en su andar, en suma
que solo lleguen para partir.
solo un momento se detiene en el follaje,
y enseguida, como urgido, reanuda su viaje,
así igual que este inveterado caminante,
o como las aguas del arroyo y del río,
que no tienen pausas en su largo andar
hasta su meta lejana, el lejano mar
y que rectas viajarían sino encontraran desvíos,
¡oh!, si fueran como el agua, como el viento
el penar, los penares que me abruman,
nadie les pide llegar, si llegan nada les hace partir.
Quiero que su paso solo dure unos momentos,
que tengan prisa en su andar, en suma
que solo lleguen para partir.
¿Cuánto valen?
Una puesta del sol, ¿cuánto cuesta?
¿Cuánto una nube blanca, volandera,
cuánto la brisa acariciante y ligera,
cuánto el dulce canto del ave en la floresta?
¿Quién podría tasar el valor o siquiera imaginarlo,
de la gracia de un prado florido, de un cerro azulino,
de un rayo dorado de sol, de la luna el rayo argentino?
Y nada ni nadie podría mercarlos.
Del oro, diamantes y perlas, se conoce el precio,
y cuesta afanes, angustias, hasta sangre el obtenerlos;
pero aquellos y otros bienes iguales, basta, no mirarlos sino verlos
para gozarlos. Justipreciarlos sería tonto, sería necio.
Cuando del hombre nada se sabía,
ellos ya estaban luciendo su gracia y su belleza.
Amémoslos, gocemos este don gratuito de la naturaleza,
puede el humano desaparecer... y ellos permanecerán.
¿Cuánto una nube blanca, volandera,
cuánto la brisa acariciante y ligera,
cuánto el dulce canto del ave en la floresta?
¿Quién podría tasar el valor o siquiera imaginarlo,
de la gracia de un prado florido, de un cerro azulino,
de un rayo dorado de sol, de la luna el rayo argentino?
Y nada ni nadie podría mercarlos.
Del oro, diamantes y perlas, se conoce el precio,
y cuesta afanes, angustias, hasta sangre el obtenerlos;
pero aquellos y otros bienes iguales, basta, no mirarlos sino verlos
para gozarlos. Justipreciarlos sería tonto, sería necio.
Cuando del hombre nada se sabía,
ellos ya estaban luciendo su gracia y su belleza.
Amémoslos, gocemos este don gratuito de la naturaleza,
puede el humano desaparecer... y ellos permanecerán.
Que nunca suceda
Si acaso sucediera en un aciago día
que un poder funesto dispusiera
que las sonrisas en el mundo se extinguieran,
mi sonrisa, de mi alma y de mi rostro, las últimas serían.
Si ese poder, terrible y ominoso, fuera tanto,
que matara en el mundo las canciones;
sin permitir indulgentes excepciones;
sería yo el último en hacer oír el canto.
Más al acatar el terrible decreto y su inclemencia,
fuera tanto el dolor, desencanto y desazón,
que llorosos los ojos, mustios el alma y corazón,
temprano fin pondría a mis existencia.
¿Quién lo soportaría, quién quisiera vivir
una vida a la tristeza condenada?
Insoportable fuera nuestra terrestre morada
si cantar no se pudiera ni se pudiera sonreir.
que un poder funesto dispusiera
que las sonrisas en el mundo se extinguieran,
mi sonrisa, de mi alma y de mi rostro, las últimas serían.
Si ese poder, terrible y ominoso, fuera tanto,
que matara en el mundo las canciones;
sin permitir indulgentes excepciones;
sería yo el último en hacer oír el canto.
Más al acatar el terrible decreto y su inclemencia,
fuera tanto el dolor, desencanto y desazón,
que llorosos los ojos, mustios el alma y corazón,
temprano fin pondría a mis existencia.
¿Quién lo soportaría, quién quisiera vivir
una vida a la tristeza condenada?
Insoportable fuera nuestra terrestre morada
si cantar no se pudiera ni se pudiera sonreir.
Un mensaje
¡Oh! viento, viajero infatigable sin descanso,
al pasar acariciante me susurras un mensaje,
pero yo, ¡ay!, no comprendo tu lenguaje
y pese a mis esfuerzos su sentido no alcanzo.
¿Quieres avisarme de una calamidad?
¿Has visto formarse negras nubes de tormenta,
ya cuentan ellas con rayos de acción rápida y cruenta,
y llegarán pronto a castigar sin piedad?
Más no debo alarmarme sin razón,
podrían ser muy otras las noticias
y yo recibirlas gozoso, con albricias.
No entenderte es la de mi desazón.
¡Cuánto diera por entender tu lenguaje!
Tú que viajas por doquier y de mucho te enteras;
cuando llegaras a mí te tendría horas enteras
aciendo que me contaras lo visto en tus viajes.
al pasar acariciante me susurras un mensaje,
pero yo, ¡ay!, no comprendo tu lenguaje
y pese a mis esfuerzos su sentido no alcanzo.
¿Quieres avisarme de una calamidad?
¿Has visto formarse negras nubes de tormenta,
ya cuentan ellas con rayos de acción rápida y cruenta,
y llegarán pronto a castigar sin piedad?
Más no debo alarmarme sin razón,
podrían ser muy otras las noticias
y yo recibirlas gozoso, con albricias.
No entenderte es la de mi desazón.
¡Cuánto diera por entender tu lenguaje!
Tú que viajas por doquier y de mucho te enteras;
cuando llegaras a mí te tendría horas enteras
aciendo que me contaras lo visto en tus viajes.
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