Blanca nube que airosa y libre flotas
en el azul y alto mar del cielo,
quisiera llegar a ti en mágico vuelo
y convertirme en una de tus gotas.
Viajaría así por los anchos caminos
que invisibles abren para tí los vientos,
hasta que tu agua descienda al suelo sediento,
a apagar la sede de las plantas. Es tu destino.
Más yo no caería al azar y en cualquier lado,
buscaría hacerlo sobre bellas flores
pues sería una gota pretenciosa.
Descendería en un jardín bien cultivado,
donde son pródigos aromas y colores
y me posaría en el pétalo encarnado de una rosa.
lunes, 1 de febrero de 2010
Crueldad del hombre
Hombre, criatura la última llegada a la tierra,
cuando viniste la obra era acabada;
lo útil disponible, la belleza creada,
estaba a tu alcance todo lo que ella encierra.
¿No te bastaba disponer de los bienes necesarios
que hieres, destruyes lo bello de la naturaleza?
Parecieras odiar a la misma belleza,
como si te placiera el papel de victimario.
Al llegar tú estaban las montañas, los bosques y prados,
los ríos caudalosos, los gentiles arroyuelos,
las nubes, el aire puro, el azul y claro cielo,
las plantas y flores, las claras fuentes, los lagos sosegados.
Las aves cantaban, las aguas murmuraban,
se ondulaban los pastos, susurraban los vientos,
describían las gacelas sus gráciles movimientos,
se abrían las flores y el néctar las abejas libaban.
¡Oh! son muchas las cosas hermosas encontradas,
mucha la belleza delicada y fina
y que están siendo destruidas por tu mano asesina;
para tu codicia y egoísmo no hay cosa respetada.
Hoy las aguas son peligrosas, el aire venenoso,
todo se degrada, se destruye, se derrumba;
la morada de todos, para todos será tumba,
especies enteras mueren, hay un futuro horroroso.
Debiste haber llegado como hermano, como amigo,
con benevolencia para todos, con amor fraternal,
¿porqué no elegiste el bien y te dedicas al mal?
Así como te comportas, ¡eres un enemigo!
cuando viniste la obra era acabada;
lo útil disponible, la belleza creada,
estaba a tu alcance todo lo que ella encierra.
¿No te bastaba disponer de los bienes necesarios
que hieres, destruyes lo bello de la naturaleza?
Parecieras odiar a la misma belleza,
como si te placiera el papel de victimario.
Al llegar tú estaban las montañas, los bosques y prados,
los ríos caudalosos, los gentiles arroyuelos,
las nubes, el aire puro, el azul y claro cielo,
las plantas y flores, las claras fuentes, los lagos sosegados.
Las aves cantaban, las aguas murmuraban,
se ondulaban los pastos, susurraban los vientos,
describían las gacelas sus gráciles movimientos,
se abrían las flores y el néctar las abejas libaban.
¡Oh! son muchas las cosas hermosas encontradas,
mucha la belleza delicada y fina
y que están siendo destruidas por tu mano asesina;
para tu codicia y egoísmo no hay cosa respetada.
Hoy las aguas son peligrosas, el aire venenoso,
todo se degrada, se destruye, se derrumba;
la morada de todos, para todos será tumba,
especies enteras mueren, hay un futuro horroroso.
Debiste haber llegado como hermano, como amigo,
con benevolencia para todos, con amor fraternal,
¿porqué no elegiste el bien y te dedicas al mal?
Así como te comportas, ¡eres un enemigo!
A mi madre
Ya no estás a mi lado, madre mía,
pero creo que tu espíritu pervive
y buscando llegar a él, mi mano escribe
lo que dicta mi corazón: esta elegía.
Madre, una vez yo fui tu niño
y me tuviste dormido en tu regazo;
¡como quiero volver a ser pequeño y en tus brazos
sentir otra vez que me envuelve tu cariño!
Mi amor no amenguó ni se ha extinguido,
es una estrella que aumentó su magnitud,
pues le agregué mucha, cuantiosa gratitud
cuando advertí cuanto de ti he recibido.
No solo los preciosos jugos con que me nutriste,
sino los desvelos, afanes y cuidados
que de niño ¡y aún adulto! me has brindado.
Quizás ni tú misma supieras cuanto diste.
¿Es verdad que las almas viven siempre, que no mueren?
Si es así, la tuya ¿dónde se encuentra hoy?
Si lo supiera, sin tardanza, dispuesto como estoy,
iría a encontrarte donde fuere.
Pero la muerte, que inflexible te llevó consigo,
no tardará mucho en buscarme a mí.
Quizás me haga el mayor bien, puesto que así
correría alborozado a estar de nuevo contigo.
pero creo que tu espíritu pervive
y buscando llegar a él, mi mano escribe
lo que dicta mi corazón: esta elegía.
Madre, una vez yo fui tu niño
y me tuviste dormido en tu regazo;
¡como quiero volver a ser pequeño y en tus brazos
sentir otra vez que me envuelve tu cariño!
Mi amor no amenguó ni se ha extinguido,
es una estrella que aumentó su magnitud,
pues le agregué mucha, cuantiosa gratitud
cuando advertí cuanto de ti he recibido.
No solo los preciosos jugos con que me nutriste,
sino los desvelos, afanes y cuidados
que de niño ¡y aún adulto! me has brindado.
Quizás ni tú misma supieras cuanto diste.
¿Es verdad que las almas viven siempre, que no mueren?
Si es así, la tuya ¿dónde se encuentra hoy?
Si lo supiera, sin tardanza, dispuesto como estoy,
iría a encontrarte donde fuere.
Pero la muerte, que inflexible te llevó consigo,
no tardará mucho en buscarme a mí.
Quizás me haga el mayor bien, puesto que así
correría alborozado a estar de nuevo contigo.
¡Injusticia!
Hoy acudió a mi puerta, pidiendo por caridad,
una niñita tierna, inocente y desvalida;
ante el patético cuadro mi alma conmovida
se vio inundada de vergüenza y de piedad.
Vergüenza por el tremendo crimen cometido
al permitirse que esa mano infantil se tienda pidiendo pan
en vez de estar acariciando una muñeca.
De esta culpa, ¿hay acaso algún arrepentido?
Y la piedad inundó mi corazón
y el llanto asomar hizo a mis ojos.
Sentí piedad, mucha piedad, pero también enojo
ante una sociedad a la que mancha este baldón.
Esta criatura ¿porqué no está entregada
a los juegos inocentes de la infancia
en vez de recorrer larga distancia,
demandando una ayuda que a veces, ¡ay! será negada?
Niñita desdichada, víctima indefensa e inocente,
¿aún brota de tu boca infantil alegres risas?
¿aún cantas, aún juegas como niña? ¿Oh! que prisa
se dio la vida para herirte tan cruelmente!
La pequeña gran tragedia conmovió hondamente el alma mía
puse el pan que pedía, en esa mano tendida, en esa mano pequeña;
pero aún el llanto de mis ojos se despeña,
pues no pude darle más... ¿tengo las manos vacías!
una niñita tierna, inocente y desvalida;
ante el patético cuadro mi alma conmovida
se vio inundada de vergüenza y de piedad.
Vergüenza por el tremendo crimen cometido
al permitirse que esa mano infantil se tienda pidiendo pan
en vez de estar acariciando una muñeca.
De esta culpa, ¿hay acaso algún arrepentido?
Y la piedad inundó mi corazón
y el llanto asomar hizo a mis ojos.
Sentí piedad, mucha piedad, pero también enojo
ante una sociedad a la que mancha este baldón.
Esta criatura ¿porqué no está entregada
a los juegos inocentes de la infancia
en vez de recorrer larga distancia,
demandando una ayuda que a veces, ¡ay! será negada?
Niñita desdichada, víctima indefensa e inocente,
¿aún brota de tu boca infantil alegres risas?
¿aún cantas, aún juegas como niña? ¿Oh! que prisa
se dio la vida para herirte tan cruelmente!
La pequeña gran tragedia conmovió hondamente el alma mía
puse el pan que pedía, en esa mano tendida, en esa mano pequeña;
pero aún el llanto de mis ojos se despeña,
pues no pude darle más... ¿tengo las manos vacías!
domingo, 31 de enero de 2010
Calma
Tras de la tempestad viene la calma,
tras de las agitaciones el sosiego.
A estas realidades yo me apego
porque hoy las vive mi alma.
Es la suerte que la vida nos depara,
y así tormenta de pasiones la agitaron
y no pocas veces la martirizaron,
antes de que la calma la ganara.
Es como el día en un sereno atardecer;
lo azotaron tormentas, vendavales tal vez,
antes de alcanzar esta bella placidez
y parecer que nunca hubo de padecer.
Esto también le sucedió a mi alma,
furores formidables tuvieron sus pasiones,
vendavales fueron sus ambiciones.
Solo ahora, en el ocaso, sobreviene la calma.
Mi alma y el día demuestran afinidad
en esto de tener agitación, luego sosiego;
solo que yo veré ya pocos días de este juego
y el día lo verá una eternidad.
tras de las agitaciones el sosiego.
A estas realidades yo me apego
porque hoy las vive mi alma.
Es la suerte que la vida nos depara,
y así tormenta de pasiones la agitaron
y no pocas veces la martirizaron,
antes de que la calma la ganara.
Es como el día en un sereno atardecer;
lo azotaron tormentas, vendavales tal vez,
antes de alcanzar esta bella placidez
y parecer que nunca hubo de padecer.
Esto también le sucedió a mi alma,
furores formidables tuvieron sus pasiones,
vendavales fueron sus ambiciones.
Solo ahora, en el ocaso, sobreviene la calma.
Mi alma y el día demuestran afinidad
en esto de tener agitación, luego sosiego;
solo que yo veré ya pocos días de este juego
y el día lo verá una eternidad.
Misiones y mi alma
Misiones tiene color, de color está teñida
su pequeña pero rica geografía. Rojo suelo,
verdes plantas, flores, aves, azul purísimo el cielo.
Mi alma es misionera y por eso es colorida.
En Misiones en el aire hay canciones,
y en las aguas, en los pastos, el follaje,
que el viento esparce hasta llenar el paisaje.
Es misionera mi alma y canta dolores, gozos y emociones.
Es cálida Misiones, a veces en demasía y derrama
entonces calor impiadosamente desde el cielo,
que calcina los pastos, seca las fuentes y resquebraja el suelo.
Mi alma por ser misionera cuando ama, es con calor, fuego, llama.
En Misiones hay misterios y hay leyendas,
la gran alma misionera tiene secretos sepultos
en sus montes, en sus ríos, quizás para siempre ocultos.
Por ser misionera sucede que a veces a mi alma no comprenda.
Pero lo que sí mi alma muy bien percibe
es que todo cuanto es mi ser salió de este suelo rojo
y un día lo devolveré con mis despojos.
Más entretanto, de Misiones soy un pedazo que vive.
su pequeña pero rica geografía. Rojo suelo,
verdes plantas, flores, aves, azul purísimo el cielo.
Mi alma es misionera y por eso es colorida.
En Misiones en el aire hay canciones,
y en las aguas, en los pastos, el follaje,
que el viento esparce hasta llenar el paisaje.
Es misionera mi alma y canta dolores, gozos y emociones.
Es cálida Misiones, a veces en demasía y derrama
entonces calor impiadosamente desde el cielo,
que calcina los pastos, seca las fuentes y resquebraja el suelo.
Mi alma por ser misionera cuando ama, es con calor, fuego, llama.
En Misiones hay misterios y hay leyendas,
la gran alma misionera tiene secretos sepultos
en sus montes, en sus ríos, quizás para siempre ocultos.
Por ser misionera sucede que a veces a mi alma no comprenda.
Pero lo que sí mi alma muy bien percibe
es que todo cuanto es mi ser salió de este suelo rojo
y un día lo devolveré con mis despojos.
Más entretanto, de Misiones soy un pedazo que vive.
A una avecilla
En ese árbol que en el jardín alza sus ramas,
graciosa avecilla, instalaste tu morada
y la planta dichosa y halagada,
goza al brindarte techo, abrigo y cama.
Pero mi gozo es igual o mayor al contemplarte,
ver tu grácil vuelo, escuchar tu canto.
Es mucha mi admiración, mi cariño es tanto,
más, ¿cómo no conocerte sin amarte?
Admiro todas tus gracias, tu sencillez singular,
el candor de tu divina inocencia,
la falta de ambición de tu existencia.
Sólo pides granos en el suelo y aire para volar.
Tú no tienes deseos afiebrados de riqueza y de poder,
en tu pecho no hay tumulto de pasiones,
no vas tras de quimeras y vanas ilusiones;
sencillísima es tu vida, es puro y claro tu ser.
Me hace feliz verte vivir sin enojos,
aún en los rigores de la estación más fría;
verte, escucharte, siempre me dará alegría.
Eres solaz para mi alma, deleite para mis ojos.
graciosa avecilla, instalaste tu morada
y la planta dichosa y halagada,
goza al brindarte techo, abrigo y cama.
Pero mi gozo es igual o mayor al contemplarte,
ver tu grácil vuelo, escuchar tu canto.
Es mucha mi admiración, mi cariño es tanto,
más, ¿cómo no conocerte sin amarte?
Admiro todas tus gracias, tu sencillez singular,
el candor de tu divina inocencia,
la falta de ambición de tu existencia.
Sólo pides granos en el suelo y aire para volar.
Tú no tienes deseos afiebrados de riqueza y de poder,
en tu pecho no hay tumulto de pasiones,
no vas tras de quimeras y vanas ilusiones;
sencillísima es tu vida, es puro y claro tu ser.
Me hace feliz verte vivir sin enojos,
aún en los rigores de la estación más fría;
verte, escucharte, siempre me dará alegría.
Eres solaz para mi alma, deleite para mis ojos.
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