¡Oh! viento, viajero infatigable sin descanso,
al pasar acariciante me susurras un mensaje,
pero yo, ¡ay!, no comprendo tu lenguaje
y pese a mis esfuerzos su sentido no alcanzo.
¿Quieres avisarme de una calamidad?
¿Has visto formarse negras nubes de tormenta,
ya cuentan ellas con rayos de acción rápida y cruenta,
y llegarán pronto a castigar sin piedad?
Más no debo alarmarme sin razón,
podrían ser muy otras las noticias
y yo recibirlas gozoso, con albricias.
No entenderte es la de mi desazón.
¡Cuánto diera por entender tu lenguaje!
Tú que viajas por doquier y de mucho te enteras;
cuando llegaras a mí te tendría horas enteras
aciendo que me contaras lo visto en tus viajes.
jueves, 21 de enero de 2010
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