lunes, 1 de febrero de 2010

Crueldad del hombre

Hombre, criatura la última llegada a la tierra,
cuando viniste la obra era acabada;
lo útil disponible, la belleza creada,
estaba a tu alcance todo lo que ella encierra.

¿No te bastaba disponer de los bienes necesarios
que hieres, destruyes lo bello de la naturaleza?
Parecieras odiar a la misma belleza,
como si te placiera el papel de victimario.

Al llegar tú estaban las montañas, los bosques y prados,
los ríos caudalosos, los gentiles arroyuelos,
las nubes, el aire puro, el azul y claro cielo,
las plantas y flores, las claras fuentes, los lagos sosegados.

Las aves cantaban, las aguas murmuraban,
se ondulaban los pastos, susurraban los vientos,
describían las gacelas sus gráciles movimientos,
se abrían las flores y el néctar las abejas libaban.

¡Oh! son muchas las cosas hermosas encontradas,
mucha la belleza delicada y fina
y que están siendo destruidas por tu mano asesina;
para tu codicia y egoísmo no hay cosa respetada.

Hoy las aguas son peligrosas, el aire venenoso,
todo se degrada, se destruye, se derrumba;
la morada de todos, para todos será tumba,
especies enteras mueren, hay un futuro horroroso.

Debiste haber llegado como hermano, como amigo,
con benevolencia para todos, con amor fraternal,
¿porqué no elegiste el bien y te dedicas al mal?
Así como te comportas, ¡eres un enemigo!

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