Tras de la tempestad viene la calma,
tras de las agitaciones el sosiego.
A estas realidades yo me apego
porque hoy las vive mi alma.
Es la suerte que la vida nos depara,
y así tormenta de pasiones la agitaron
y no pocas veces la martirizaron,
antes de que la calma la ganara.
Es como el día en un sereno atardecer;
lo azotaron tormentas, vendavales tal vez,
antes de alcanzar esta bella placidez
y parecer que nunca hubo de padecer.
Esto también le sucedió a mi alma,
furores formidables tuvieron sus pasiones,
vendavales fueron sus ambiciones.
Solo ahora, en el ocaso, sobreviene la calma.
Mi alma y el día demuestran afinidad
en esto de tener agitación, luego sosiego;
solo que yo veré ya pocos días de este juego
y el día lo verá una eternidad.
domingo, 31 de enero de 2010
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