domingo, 31 de enero de 2010

Calma

Tras de la tempestad viene la calma,
tras de las agitaciones el sosiego.
A estas realidades yo me apego
porque hoy las vive mi alma.

Es la suerte que la vida nos depara,
y así tormenta de pasiones la agitaron
y no pocas veces la martirizaron,
antes de que la calma la ganara.

Es como el día en un sereno atardecer;
lo azotaron tormentas, vendavales tal vez,
antes de alcanzar esta bella placidez
y parecer que nunca hubo de padecer.

Esto también le sucedió a mi alma,
furores formidables tuvieron sus pasiones,
vendavales fueron sus ambiciones.
Solo ahora, en el ocaso, sobreviene la calma.

Mi alma y el día demuestran afinidad
en esto de tener agitación, luego sosiego;
solo que yo veré ya pocos días de este juego
y el día lo verá una eternidad.

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