sábado, 30 de enero de 2010

Alma prisionera

Alma mía, de nuevo en ti se advierte
el ansia profunda de ir donde nadie ha ido,
que es misterioso, tal vez peligroso, y desconocido.
Donde quizá no habiendo vida, no haya muerte.

Tienes hambre y sed de lejanías,
piensas que atrofian tus alas por falta de acción,
que mi pobre ser aún sin rejas ni candado es prisión.
¡Cuánto pugnas por irte, alma mía!

Porque yo soy de barro, de grosera materia,
sólo con débiles ojos alcanzo el cielo y los astros.
Tú sabes bien que por la tierra me arrastro
y que sólo por tenerte se eleva mi miseria.

Yo sé que tu anhelo es hondo y muy fuerte,
y por no cumplirlo tu unión a mí es condena;
pero espera -no mucho- que rompa las cadenas
ese agente formidable que es la muerte.

No hay comentarios:

Publicar un comentario