Como el viento que en su marcha incesante
solo un momento se detiene en el follaje,
y enseguida, como urgido, reanuda su viaje,
así igual que este inveterado caminante,
o como las aguas del arroyo y del río,
que no tienen pausas en su largo andar
hasta su meta lejana, el lejano mar
y que rectas viajarían sino encontraran desvíos,
¡oh!, si fueran como el agua, como el viento
el penar, los penares que me abruman,
nadie les pide llegar, si llegan nada les hace partir.
Quiero que su paso solo dure unos momentos,
que tengan prisa en su andar, en suma
que solo lleguen para partir.
jueves, 21 de enero de 2010
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