lunes, 1 de febrero de 2010

¡Injusticia!

Hoy acudió a mi puerta, pidiendo por caridad,
una niñita tierna, inocente y desvalida;
ante el patético cuadro mi alma conmovida
se vio inundada de vergüenza y de piedad.

Vergüenza por el tremendo crimen cometido
al permitirse que esa mano infantil se tienda pidiendo pan
en vez de estar acariciando una muñeca.
De esta culpa, ¿hay acaso algún arrepentido?

Y la piedad inundó mi corazón
y el llanto asomar hizo a mis ojos.
Sentí piedad, mucha piedad, pero también enojo
ante una sociedad a la que mancha este baldón.

Esta criatura ¿porqué no está entregada
a los juegos inocentes de la infancia
en vez de recorrer larga distancia,
demandando una ayuda que a veces, ¡ay! será negada?

Niñita desdichada, víctima indefensa e inocente,
¿aún brota de tu boca infantil alegres risas?
¿aún cantas, aún juegas como niña? ¿Oh! que prisa
se dio la vida para herirte tan cruelmente!

La pequeña gran tragedia conmovió hondamente el alma mía
puse el pan que pedía, en esa mano tendida, en esa mano pequeña;
pero aún el llanto de mis ojos se despeña,
pues no pude darle más... ¿tengo las manos vacías!

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