sábado, 30 de enero de 2010

El niño descalzo

Tremendo choque recibí esta vez,
fría, muy fría era la noche, y ese niño desvalido
junto a la pared se acurrucaba aterido,
tenía los pies descalzos, descalzos estaban sus pies.

¡Pobre niño!, tan temprano sumido en la indigencia,
calladamente sufría sin una voz de protesta,
¡pero su figura hablaba y tenía esta
de una voz atronadora la potencia!

Decía de la criminal inequidad del mundo
que hace que unos tengan tanto y otros no tengan nada.
Y así nacen estas víctimas sin piedad condenadas,
¡pero en un niño el crimen es de nivel más profundo!

Que los de la parte satisfecha, libres de toda estrechez,
vean en el cuadro un dedo que acusador
señala que por su falta no tiene el niño techo y calor,
no tiene abrigo su cuerpo y ¡están descalzos sus pies!

¡Sí! tú, ser ahíto y satisfecho, conmuévase tu corazón,
socorre a ese pequeño sumido en el dolor,
vence tu egoísmo, redímete por el amor
y para hacerlo, sincero, pídele perdón.

Y mi ruego a ti, ¡oh Dios! allí donde estés
haz bajar a este mundo tu mano justiciera
que distribuya los bienes de mejor manera.
Que este niño está sin techo y abrigo ¡y están descalzos sus pies!

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