Calmo todo en esta noche serena,
quietos los árboles, quietas las sombras,
nadie camina por la mullida alfombra
de hojas y flores de que la senda está llena.
Todos conciertan es esta quietud,
el aire inmóvil, descansa el viento,
los seres nocturnos cesaron sus movimientos
y por fin mi alma calmó su inquietud.
¡Oh!, si esta noche no finara,
si fueran eternas estas horas,
¡qué feliz en ella viviera mi alma!
Pero ella sabe que con el día y su luz clara
volverá su agitación y ya deplora
lo poco que se mantendrá su calma.
viernes, 17 de julio de 2009
Mi riqueza
Nada posees, me dicen, tienes las manos vacías,
flaca es tu bolsa, con escaso contenido;
el oro y las joyas te son desconocidos,
¿Cómo puedes entonces tener gozo y alegría?
¡Oh! mucho poseo, respondo, mis bienes son cuantiosos,
no se cotizan en la Bolsa, no se guardan en los bancos,
no tienen del oro su dorado ni de la plata su blanco
y a pesar de ello me son queridos, valiosos.
Yo no los busco, se ofrecen ellos a mí;
basta con mirar el cielo, las nubes, las aguas; la sugestión
que su vista me produce. O la honda vibración
de la vida, sus misterios. Donde miro están ahí.
¿Y que decir de los sueños y vuelos de mi alma
hacia regiones azules, adonde va tantas veces?
De ellos trae vivencias que la nutren y enriquecen
y permiten que en medio de tumultos tenga gozo y tenga calma.
Tales son mi riqueza, valen para mí, no las ostento,
las mantengo en mi interior a salvo de miradas,
aunque sé que por otros no serían codiciadas.
Yo solo les asigno valor, más bastan para mi contento.
flaca es tu bolsa, con escaso contenido;
el oro y las joyas te son desconocidos,
¿Cómo puedes entonces tener gozo y alegría?
¡Oh! mucho poseo, respondo, mis bienes son cuantiosos,
no se cotizan en la Bolsa, no se guardan en los bancos,
no tienen del oro su dorado ni de la plata su blanco
y a pesar de ello me son queridos, valiosos.
Yo no los busco, se ofrecen ellos a mí;
basta con mirar el cielo, las nubes, las aguas; la sugestión
que su vista me produce. O la honda vibración
de la vida, sus misterios. Donde miro están ahí.
¿Y que decir de los sueños y vuelos de mi alma
hacia regiones azules, adonde va tantas veces?
De ellos trae vivencias que la nutren y enriquecen
y permiten que en medio de tumultos tenga gozo y tenga calma.
Tales son mi riqueza, valen para mí, no las ostento,
las mantengo en mi interior a salvo de miradas,
aunque sé que por otros no serían codiciadas.
Yo solo les asigno valor, más bastan para mi contento.
A la luna de Misiones
Luna, blanca y plácida, ese aire placentero
que el sosiego de tu espíritu delata,
esa caricia de tus dedos sedosos y de plata,
nunca falten en mi cielo misionero.
Nuestro sol, fuerte, vital, en su pasaje
hace bullir la vida, sin parar, durante el día;
no pone freno a su accionar.¿Qué pasaría
si no opusieras tu calma a su ímpetu salvaje?
Señalado servicio el que nos prestas,
queremos corresponder a tu bondad innata
y pese a que nuestra tierra no es extensa,
ofrecemos para que admire tu mirada experta,
nuestras plantas, arroyos y cascadas, el Moconá, las Cataratas.
¿Es suficiente para tí la recompensa?
que el sosiego de tu espíritu delata,
esa caricia de tus dedos sedosos y de plata,
nunca falten en mi cielo misionero.
Nuestro sol, fuerte, vital, en su pasaje
hace bullir la vida, sin parar, durante el día;
no pone freno a su accionar.¿Qué pasaría
si no opusieras tu calma a su ímpetu salvaje?
Señalado servicio el que nos prestas,
queremos corresponder a tu bondad innata
y pese a que nuestra tierra no es extensa,
ofrecemos para que admire tu mirada experta,
nuestras plantas, arroyos y cascadas, el Moconá, las Cataratas.
¿Es suficiente para tí la recompensa?
Deprecación
Dios Padre, Dios Creador, se te considera bondadoso
y que de tí nos vendrán todos los bienes,
para hacernos felices; en tí puestas se tienen
las esperanzas de hallar menos desdichas que gozos.
Pero mirando en amplio nuestro derredor
vemos que se advierte tanto el mal,
que el bien semeja a su lado, un guijarro junto a mole colosal.
Y con la misma escasa magnitud se aparece el amor.
Quisiera creer en tu bondad y tu justicia,
pero en mi humildad, deseo pruebas,
y esas serán si recluyes el mal en sus oscuras cuevas
y nos libras de sus golpes, sus furores, su sevicia.
Si haces que las madres no sufran, que no mueran los niños,
que alojes la paz y la armonía en el corazón humano
para que cada uno vea en un semejante, un hermano.
Si cambias el negror de muchas almas por el blanco del armiño.
Eso debes hacer, eso siento. Yo tengo una herida
que causó el mal; me arrebató un hijo que era bueno, el bien hacía
y seguiría haciéndolo. Todo eso lo veías,
pero no lo impediste. Y el dolor durará toda la vida.
Muchos te aman, te adoran muchos. Con el alma desnuda
de prejuicios y recelos, te digo que también deseo
darte mi amor y recibir el tuyo, más lo que veo
no hace nacer mi fe sino la impide. Y mi alma duda.
y que de tí nos vendrán todos los bienes,
para hacernos felices; en tí puestas se tienen
las esperanzas de hallar menos desdichas que gozos.
Pero mirando en amplio nuestro derredor
vemos que se advierte tanto el mal,
que el bien semeja a su lado, un guijarro junto a mole colosal.
Y con la misma escasa magnitud se aparece el amor.
Quisiera creer en tu bondad y tu justicia,
pero en mi humildad, deseo pruebas,
y esas serán si recluyes el mal en sus oscuras cuevas
y nos libras de sus golpes, sus furores, su sevicia.
Si haces que las madres no sufran, que no mueran los niños,
que alojes la paz y la armonía en el corazón humano
para que cada uno vea en un semejante, un hermano.
Si cambias el negror de muchas almas por el blanco del armiño.
Eso debes hacer, eso siento. Yo tengo una herida
que causó el mal; me arrebató un hijo que era bueno, el bien hacía
y seguiría haciéndolo. Todo eso lo veías,
pero no lo impediste. Y el dolor durará toda la vida.
Muchos te aman, te adoran muchos. Con el alma desnuda
de prejuicios y recelos, te digo que también deseo
darte mi amor y recibir el tuyo, más lo que veo
no hace nacer mi fe sino la impide. Y mi alma duda.
domingo, 12 de julio de 2009
¿Cómo serían?
Si los versos fueran luz, ¿qué se vería?
Se verían rayos como los que el sol
pone en la aurora para darle arrebol.
Y en el cielo del alma también nacería el día.
¿Cómo se escucharían si música fueran?
Como las notas divinas de la novena sinfonía
y también cantarían un Himno a la alegría.
Y el alma musical y armoniosa se volviera.
Si fueran como el agua, un verso, los versos,
¿cómo serían? Como gotas de la lluvia, cristalinas, puras
que exentas de impurezas se forman en la altura.
Y el alma diría: pureza mayor no tiene el universo.
Si fueran como el aire ¿qué sucedería?
Llegarían suaves como la blanda brisa
en la que el aire es amable como una sonrisa.
Y el alma, acariciada, también sonreiría.
Así divagaba, cuando alguien más sabio; el modo,
me dijo, de considerar es que los versos son
mucho más que eso; por oculta razón
son dueños de la verdad y la belleza del mundo. Lo poseen todo.
Se verían rayos como los que el sol
pone en la aurora para darle arrebol.
Y en el cielo del alma también nacería el día.
¿Cómo se escucharían si música fueran?
Como las notas divinas de la novena sinfonía
y también cantarían un Himno a la alegría.
Y el alma musical y armoniosa se volviera.
Si fueran como el agua, un verso, los versos,
¿cómo serían? Como gotas de la lluvia, cristalinas, puras
que exentas de impurezas se forman en la altura.
Y el alma diría: pureza mayor no tiene el universo.
Si fueran como el aire ¿qué sucedería?
Llegarían suaves como la blanda brisa
en la que el aire es amable como una sonrisa.
Y el alma, acariciada, también sonreiría.
Así divagaba, cuando alguien más sabio; el modo,
me dijo, de considerar es que los versos son
mucho más que eso; por oculta razón
son dueños de la verdad y la belleza del mundo. Lo poseen todo.
Caminito misionero
Caminito misionero, hecho sobre tierra roja,
huyes del asfalto, bajo él, te sabría a encierro.
Tú sabes andar el monte, tú sabes subir los cerros
y vas allá donde quien pisa tu polvo no se enoja.
Y te pisan los caballos, los perros, hombres de pies desnudos,
seres sencillos que tu huella con su paso cotidiano
han marcado. Te conocen como a la palma de su mano.
También los conoces tú.¡Si se ven tan a menudo!
Rojo caminito misionero, tu trazado es caprichoso,
no se trazó en gabinete tras cálculos complicados.
Tú naciste libre y libre serpenteas, subes, bajas.
No quieres ser extenso e importante, no eres ambicioso;
para servir a los tuyos, así corto les has bastado.
Vives feliz, al asfalto lo sentirías como una mortaja.
huyes del asfalto, bajo él, te sabría a encierro.
Tú sabes andar el monte, tú sabes subir los cerros
y vas allá donde quien pisa tu polvo no se enoja.
Y te pisan los caballos, los perros, hombres de pies desnudos,
seres sencillos que tu huella con su paso cotidiano
han marcado. Te conocen como a la palma de su mano.
También los conoces tú.¡Si se ven tan a menudo!
Rojo caminito misionero, tu trazado es caprichoso,
no se trazó en gabinete tras cálculos complicados.
Tú naciste libre y libre serpenteas, subes, bajas.
No quieres ser extenso e importante, no eres ambicioso;
para servir a los tuyos, así corto les has bastado.
Vives feliz, al asfalto lo sentirías como una mortaja.
sábado, 11 de julio de 2009
Infortunios
Negros infortunios, tenaces y despiadados,
golpe tras golpe sobre mi alma descargasteis,
pero sobre cada cruel herida que dejasteis
ella encontró el bálsamo curador que la ha sanado.
Quisisteis oscurecerla con las sombras
que encubre vuestro negro manto,
pero aunque tuvo tristeza y tuvo llantos
finalmente lució triunfos que seguro os asombra.
Todo hicisteis para impedirle gozar
disparasteis del carcaj todas las flechas,
que dirigidas todas ellas iban derechas
a no dejarle cantar, no dejarle reir, no dejarle soñar.
Vuestro golpe más duro recibido
fue cuando un hijo de mi carne arrebatasteis;
sin defensa, aturdido, me dejasteis
y por mucho tiempo me sentí vencido.
Pero ahora os digo: no luchemos más,
¿es acaso mi alma presa tan codiciada
que siempre por vosotros fue asediada?
Dejadla en su medianía, ella sólo quiere paz.
golpe tras golpe sobre mi alma descargasteis,
pero sobre cada cruel herida que dejasteis
ella encontró el bálsamo curador que la ha sanado.
Quisisteis oscurecerla con las sombras
que encubre vuestro negro manto,
pero aunque tuvo tristeza y tuvo llantos
finalmente lució triunfos que seguro os asombra.
Todo hicisteis para impedirle gozar
disparasteis del carcaj todas las flechas,
que dirigidas todas ellas iban derechas
a no dejarle cantar, no dejarle reir, no dejarle soñar.
Vuestro golpe más duro recibido
fue cuando un hijo de mi carne arrebatasteis;
sin defensa, aturdido, me dejasteis
y por mucho tiempo me sentí vencido.
Pero ahora os digo: no luchemos más,
¿es acaso mi alma presa tan codiciada
que siempre por vosotros fue asediada?
Dejadla en su medianía, ella sólo quiere paz.
¿Cómo sería?
Si yo tuviera fortuna,
¿mi alma lo que siente sentiría?
¿mis ojos como miran mirarían?
Hoy miran cosas sencillas, para muchos sin entidad alguna.
Sé que si fuera mucha mi riqueza
me absorberían subalternos intereses;
la codicia, la ambición, que siempre crecen
y tornan duro al corazón con su dureza.
Vanidoso mi ser se volvería,
mi cuerpo vestiría ropa cara y elegante,
mis manos lucirían oro y diamantes.
Más, a mi alma, ¿con qué galas vestiría?
Está bien seguir contento en mi pobreza,
la vida simple enseña a ver lo bello y verdadero,
en tantas cosas que no da el dinero.
Nunca encontré oro, más siempre encontré belleza.
¿mi alma lo que siente sentiría?
¿mis ojos como miran mirarían?
Hoy miran cosas sencillas, para muchos sin entidad alguna.
Sé que si fuera mucha mi riqueza
me absorberían subalternos intereses;
la codicia, la ambición, que siempre crecen
y tornan duro al corazón con su dureza.
Vanidoso mi ser se volvería,
mi cuerpo vestiría ropa cara y elegante,
mis manos lucirían oro y diamantes.
Más, a mi alma, ¿con qué galas vestiría?
Está bien seguir contento en mi pobreza,
la vida simple enseña a ver lo bello y verdadero,
en tantas cosas que no da el dinero.
Nunca encontré oro, más siempre encontré belleza.
Bella naturaleza
Que nadie me señale su belleza,
puedo ver y donde quiera dirija la mirada,
veo el esplendor de la gracia desplegada
hasta en lo más pequeño de la naturaleza.
En la minúscula florecilla de la hierba, en la gota de rocío,
de lo pequeño a lo grande, hasta las blancas estrellas,
la naturaleza prodigiosamente es bella.
¿Concebirla de otra forma? Concepto absurdo y vacío.
Parte infinitesimal del infinito gran Todo,
agradezco el privilegio de poseer inteligencia
para de esa imponente verdad tener conciencia,
y me obligo a ser humilde por saberme de ese modo.
Cuando me deleito en su armonía y su belleza,
mi alma olvida mezquindades y se eleva
hasta alcanzar la región de la pureza, que me lleva
a ser digno de ser parte del Todo y su grandeza.
puedo ver y donde quiera dirija la mirada,
veo el esplendor de la gracia desplegada
hasta en lo más pequeño de la naturaleza.
En la minúscula florecilla de la hierba, en la gota de rocío,
de lo pequeño a lo grande, hasta las blancas estrellas,
la naturaleza prodigiosamente es bella.
¿Concebirla de otra forma? Concepto absurdo y vacío.
Parte infinitesimal del infinito gran Todo,
agradezco el privilegio de poseer inteligencia
para de esa imponente verdad tener conciencia,
y me obligo a ser humilde por saberme de ese modo.
Cuando me deleito en su armonía y su belleza,
mi alma olvida mezquindades y se eleva
hasta alcanzar la región de la pureza, que me lleva
a ser digno de ser parte del Todo y su grandeza.
Si fueras castigada ...
Alma mía, preocupado estoy por tu suerte;
mi cuerpo polvo es y volverá a la tierra,
pero tú; me desazona y aún me aterra,
¿dónde serás llevada tras mi muerte?
Porque eres aquella parte de mi ser
a la que se prometió el premio de un cielo eterno,
o el castigo de un también durable infierno
¿es ello verdad? Nadie lo confirmó ni volvió de allí.
Para ser premiado o castigado se han fijado condiciones:
practicar el bien, conservar la pureza y de mí, yo severo juez
bien sé que tuve fallas, fallas una y otra vez.
¡Oh! cuántas quisiera borrar de mis acciones.
Alma mía, ya comprenderás mi desazón;
¿tendrás tú un gozo eterno, será eterno tu sufrir?
No se sabrá mientras viva, antes tengo que morir.
Más si fueras castigada, ¿cómo obtendré tu perdón?
mi cuerpo polvo es y volverá a la tierra,
pero tú; me desazona y aún me aterra,
¿dónde serás llevada tras mi muerte?
Porque eres aquella parte de mi ser
a la que se prometió el premio de un cielo eterno,
o el castigo de un también durable infierno
¿es ello verdad? Nadie lo confirmó ni volvió de allí.
Para ser premiado o castigado se han fijado condiciones:
practicar el bien, conservar la pureza y de mí, yo severo juez
bien sé que tuve fallas, fallas una y otra vez.
¡Oh! cuántas quisiera borrar de mis acciones.
Alma mía, ya comprenderás mi desazón;
¿tendrás tú un gozo eterno, será eterno tu sufrir?
No se sabrá mientras viva, antes tengo que morir.
Más si fueras castigada, ¿cómo obtendré tu perdón?
Lluvia mansa
Mansa lluvia que caes blandamente,
la tierra, las plantas, todo te recibe con albricias,
eres como una mano suave que acaricia
tocando los pétalos y hojas delicadamente.
Y cantas con tono igualmente reposado
una canción sencilla, de contenido profundo
que a través de las edades viene escuchando el mundo,
canción quizás la primera que en la tierra se ha entonado.
Y se te oye con agrado, en tu voz no hay estridencias,
no llevas contigo el rayo aterrador
ni te acompaña del trueno el hondo y broco clamor.
En tu cuerpo y en tu canto no hay signos de violencia.
Yo te escucho con gozo y sé bien que una vez más,
a pesar de que me ocultas el límpido azul del cielo;
el patetismo con que lo cubre tu velo
podrá ser tristeza en principio, más al cabo será paz.
la tierra, las plantas, todo te recibe con albricias,
eres como una mano suave que acaricia
tocando los pétalos y hojas delicadamente.
Y cantas con tono igualmente reposado
una canción sencilla, de contenido profundo
que a través de las edades viene escuchando el mundo,
canción quizás la primera que en la tierra se ha entonado.
Y se te oye con agrado, en tu voz no hay estridencias,
no llevas contigo el rayo aterrador
ni te acompaña del trueno el hondo y broco clamor.
En tu cuerpo y en tu canto no hay signos de violencia.
Yo te escucho con gozo y sé bien que una vez más,
a pesar de que me ocultas el límpido azul del cielo;
el patetismo con que lo cubre tu velo
podrá ser tristeza en principio, más al cabo será paz.
Humildad
Humildad, ¿porqué ocultas tus tesoros?
Tanto le huyes al orgullo y vanidad
que cuesta advertir que en verdad
eres joya del más finísimo oro.
¿Tú no sabes que de encontrarte la suerte
equivale de hallar un jardín lleno de rosas,
o una perla en medio de pedrería engañosa?
hará fortuna el hallarte, más aún el poseerte.
No te ocultes así como lo haces,
pese a lo opuesta que eres al boato,
ostentación y oropeles de la vanidad.
Ante tu presencia vemos que ellos son disfraces
de lo que nada vale. Valía es tu recato
y la paz que encarnas. Que la paz es humildad.
Tanto le huyes al orgullo y vanidad
que cuesta advertir que en verdad
eres joya del más finísimo oro.
¿Tú no sabes que de encontrarte la suerte
equivale de hallar un jardín lleno de rosas,
o una perla en medio de pedrería engañosa?
hará fortuna el hallarte, más aún el poseerte.
No te ocultes así como lo haces,
pese a lo opuesta que eres al boato,
ostentación y oropeles de la vanidad.
Ante tu presencia vemos que ellos son disfraces
de lo que nada vale. Valía es tu recato
y la paz que encarnas. Que la paz es humildad.
A una estrella lejana
Estrella lejana que estás muy distante,
siempre que recibo la luz que me envías,
y que llega a mi mundo tan blanca y tan fría,
sacude a mi mente una idea inquietante.
Tu luz tiene una paso veloz que nada supera
y no obstante haber partido un lejanísimo día,
tan lejano que el humano aún no existía,
no te vemos como eres sino como eras.
Y mi alma se inquieta y también mi pensamiento
pese a lo viva de mi admiración, y mi placer por la belleza que revistes.
Porque habrá siempre una sombra en mi contento,
pues nunca sabré si tu luz es postrer exhalación
y si en este momento aún existes.
siempre que recibo la luz que me envías,
y que llega a mi mundo tan blanca y tan fría,
sacude a mi mente una idea inquietante.
Tu luz tiene una paso veloz que nada supera
y no obstante haber partido un lejanísimo día,
tan lejano que el humano aún no existía,
no te vemos como eres sino como eras.
Y mi alma se inquieta y también mi pensamiento
pese a lo viva de mi admiración, y mi placer por la belleza que revistes.
Porque habrá siempre una sombra en mi contento,
pues nunca sabré si tu luz es postrer exhalación
y si en este momento aún existes.
lunes, 6 de julio de 2009
Querida Escuela 21
Que me encuentre reviviendo felices horas de antaño,
sumido en los recuerdos, sumido en la nostalgia
y así también en la dulzura que las cosas gratas conllevan en su magia;
nace del hecho, Escuela 21, que llegas a tus cien años.
Y las reminiscencias se agolpan, veo tus altas paredes, tu airosa figura,
tus aulas, tu patio espacioso, escucho la clara voz de bronce de tu campana,
llamando a clases, marcando la entrada, los recreos, la salida, de todo ello mana
el tesoro de recuerdos que guarda el alma, donde viven y perduran.
Vuelvo así a mis días felices de niño,
a entrar de nuevo en tus aulas, me veo sentado en mi banco,
veo a mis maestras, vestidas de blanco,
y de su noble tarea recibo enseñanza y cariño.
El recuerdo de esas maestras siempre ha de permanecer
en mi espíritu, en mi corazón,
fueron quienes aplicadas a su tarea con irrenunciable vocación
me enseñaron y educaron y así estimularon el fervor con que emprendí la maravillosa aventura de aprender.
¡Cuánto bien has hecho, incansable, en tus cien años de vida!
Fuente de luz, antorcha luminosa, de miles de niños iluminaste la mente,
que luego crecerían; pero en tí se plantó la simiente
y eso gloriosamente fue tu razón de ser en toda la centuria transcurrida.
¿Qué más decirte, vieja y querida escuela; te evoco con delectación,
de niño aprendí en tus aulas, corrí en tu patio, te amé con amor infantil en aquel tiempo;
pero hoy, anciano, entraría reverente en tí como en un templo,
y emocionado, mudos mis labios, mi corazón te diría de mi amor, mi agradecimiento, mi veneración.
Mucho es un siglo pero tu luz brillará por muchos años todavía.
Yo te canto en estos versos y sean ellos un ramo de rosas que te ofrendo, escuela mía.
sumido en los recuerdos, sumido en la nostalgia
y así también en la dulzura que las cosas gratas conllevan en su magia;
nace del hecho, Escuela 21, que llegas a tus cien años.
Y las reminiscencias se agolpan, veo tus altas paredes, tu airosa figura,
tus aulas, tu patio espacioso, escucho la clara voz de bronce de tu campana,
llamando a clases, marcando la entrada, los recreos, la salida, de todo ello mana
el tesoro de recuerdos que guarda el alma, donde viven y perduran.
Vuelvo así a mis días felices de niño,
a entrar de nuevo en tus aulas, me veo sentado en mi banco,
veo a mis maestras, vestidas de blanco,
y de su noble tarea recibo enseñanza y cariño.
El recuerdo de esas maestras siempre ha de permanecer
en mi espíritu, en mi corazón,
fueron quienes aplicadas a su tarea con irrenunciable vocación
me enseñaron y educaron y así estimularon el fervor con que emprendí la maravillosa aventura de aprender.
¡Cuánto bien has hecho, incansable, en tus cien años de vida!
Fuente de luz, antorcha luminosa, de miles de niños iluminaste la mente,
que luego crecerían; pero en tí se plantó la simiente
y eso gloriosamente fue tu razón de ser en toda la centuria transcurrida.
¿Qué más decirte, vieja y querida escuela; te evoco con delectación,
de niño aprendí en tus aulas, corrí en tu patio, te amé con amor infantil en aquel tiempo;
pero hoy, anciano, entraría reverente en tí como en un templo,
y emocionado, mudos mis labios, mi corazón te diría de mi amor, mi agradecimiento, mi veneración.
Mucho es un siglo pero tu luz brillará por muchos años todavía.
Yo te canto en estos versos y sean ellos un ramo de rosas que te ofrendo, escuela mía.
Vejez
Llegaste a mí con naturalidad, con sencillez,
fue pausada, silenciosa tu venida;
simplemente llegó tu turno de regir mi vida
y pues seguiremos unidos; yo te saludo, vejez.
Hubiera querido no vinieras todavía,
ahora sólo pido te muestres generosa
y permitas que aún yo encuentre gozos,
y sobre todo quiero me des sabiduría.
Quiero saber las verdades para poder pedir
lo que más considero necesario
para impedir que mi vida sea un calvario
en el tramo postrer de mi existir.
En mi ser material nada hay que evite
la erosión incesante de los años,
pero en mi espíritu será menor su daño
si tu acción en ese campo lo permite.
Tú ya estás en mí y puedes ver
como lo bello y noble a mi alma siguen dando calor,
como mi viejo corazón da y recibe amor,
olvidando mi materia y su fatal decaer.
Mantén hasta el último en mi esas condiciones,
para que cuando cierren para siempre mis ojos
no haya en mi alma y corazón, rencores ni enojos,
y que hasta el final dulce sean sus emociones.
Eres el último tramo, no vendrá otro después
lo recorreré con tu inevitable compañía,
acato lo dispuesto por la vida y te digo sin falsía
no reniego de tí, pero te quiero benévola, vejez.
fue pausada, silenciosa tu venida;
simplemente llegó tu turno de regir mi vida
y pues seguiremos unidos; yo te saludo, vejez.
Hubiera querido no vinieras todavía,
ahora sólo pido te muestres generosa
y permitas que aún yo encuentre gozos,
y sobre todo quiero me des sabiduría.
Quiero saber las verdades para poder pedir
lo que más considero necesario
para impedir que mi vida sea un calvario
en el tramo postrer de mi existir.
En mi ser material nada hay que evite
la erosión incesante de los años,
pero en mi espíritu será menor su daño
si tu acción en ese campo lo permite.
Tú ya estás en mí y puedes ver
como lo bello y noble a mi alma siguen dando calor,
como mi viejo corazón da y recibe amor,
olvidando mi materia y su fatal decaer.
Mantén hasta el último en mi esas condiciones,
para que cuando cierren para siempre mis ojos
no haya en mi alma y corazón, rencores ni enojos,
y que hasta el final dulce sean sus emociones.
Eres el último tramo, no vendrá otro después
lo recorreré con tu inevitable compañía,
acato lo dispuesto por la vida y te digo sin falsía
no reniego de tí, pero te quiero benévola, vejez.
domingo, 5 de julio de 2009
¿Otra vida?
Hombre, criatura codiciosa, insaciable,
anhelas todo lo de este mundo y además
querés seguir siendo en un más allá
cuando la muerte te lleve, inexorable.
Te horroriza que eres finito y mortal,
te angustia advertir cuan poco duran tus días,
y para consolarte, otra vida te ofrece la teología.
Y eso anhelas, aunque ¿qué prueba que sea real?
¡Cómo seduce tu ambición esa existencia!
La supones privada por completo de materia,
más, que la tendrás si eres puro, sin pecado, sin miseria
moral.¿Cómo conseguirás esa excelencia?
Atiende mejor tu vida en esta tierra,
donde sufres pero gozas, lloras pero sonríes,
caes pero te levantas. Es el camino, no te desvíes.
Te llevará al amor, que se abre, no se encierra.
De paz y de dicha es fuente el amor, ha sido y será,
ama la vida, ama el Bien, la Verdad y la Belleza,
habrá dolores y penurias, mas también consuelos con largueza.
Será plena tu existencia, y con una sola bastará.
anhelas todo lo de este mundo y además
querés seguir siendo en un más allá
cuando la muerte te lleve, inexorable.
Te horroriza que eres finito y mortal,
te angustia advertir cuan poco duran tus días,
y para consolarte, otra vida te ofrece la teología.
Y eso anhelas, aunque ¿qué prueba que sea real?
¡Cómo seduce tu ambición esa existencia!
La supones privada por completo de materia,
más, que la tendrás si eres puro, sin pecado, sin miseria
moral.¿Cómo conseguirás esa excelencia?
Atiende mejor tu vida en esta tierra,
donde sufres pero gozas, lloras pero sonríes,
caes pero te levantas. Es el camino, no te desvíes.
Te llevará al amor, que se abre, no se encierra.
De paz y de dicha es fuente el amor, ha sido y será,
ama la vida, ama el Bien, la Verdad y la Belleza,
habrá dolores y penurias, mas también consuelos con largueza.
Será plena tu existencia, y con una sola bastará.
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