lunes, 6 de julio de 2009

Vejez

Llegaste a mí con naturalidad, con sencillez,
fue pausada, silenciosa tu venida;
simplemente llegó tu turno de regir mi vida
y pues seguiremos unidos; yo te saludo, vejez.

Hubiera querido no vinieras todavía,
ahora sólo pido te muestres generosa
y permitas que aún yo encuentre gozos,
y sobre todo quiero me des sabiduría.

Quiero saber las verdades para poder pedir
lo que más considero necesario
para impedir que mi vida sea un calvario
en el tramo postrer de mi existir.

En mi ser material nada hay que evite
la erosión incesante de los años,
pero en mi espíritu será menor su daño
si tu acción en ese campo lo permite.

Tú ya estás en mí y puedes ver
como lo bello y noble a mi alma siguen dando calor,
como mi viejo corazón da y recibe amor,
olvidando mi materia y su fatal decaer.

Mantén hasta el último en mi esas condiciones,
para que cuando cierren para siempre mis ojos
no haya en mi alma y corazón, rencores ni enojos,
y que hasta el final dulce sean sus emociones.

Eres el último tramo, no vendrá otro después
lo recorreré con tu inevitable compañía,
acato lo dispuesto por la vida y te digo sin falsía
no reniego de tí, pero te quiero benévola, vejez.

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