Dios Padre, Dios Creador, se te considera bondadoso
y que de tí nos vendrán todos los bienes,
para hacernos felices; en tí puestas se tienen
las esperanzas de hallar menos desdichas que gozos.
Pero mirando en amplio nuestro derredor
vemos que se advierte tanto el mal,
que el bien semeja a su lado, un guijarro junto a mole colosal.
Y con la misma escasa magnitud se aparece el amor.
Quisiera creer en tu bondad y tu justicia,
pero en mi humildad, deseo pruebas,
y esas serán si recluyes el mal en sus oscuras cuevas
y nos libras de sus golpes, sus furores, su sevicia.
Si haces que las madres no sufran, que no mueran los niños,
que alojes la paz y la armonía en el corazón humano
para que cada uno vea en un semejante, un hermano.
Si cambias el negror de muchas almas por el blanco del armiño.
Eso debes hacer, eso siento. Yo tengo una herida
que causó el mal; me arrebató un hijo que era bueno, el bien hacía
y seguiría haciéndolo. Todo eso lo veías,
pero no lo impediste. Y el dolor durará toda la vida.
Muchos te aman, te adoran muchos. Con el alma desnuda
de prejuicios y recelos, te digo que también deseo
darte mi amor y recibir el tuyo, más lo que veo
no hace nacer mi fe sino la impide. Y mi alma duda.
viernes, 17 de julio de 2009
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