viernes, 17 de julio de 2009

A la luna de Misiones

Luna, blanca y plácida, ese aire placentero
que el sosiego de tu espíritu delata,
esa caricia de tus dedos sedosos y de plata,
nunca falten en mi cielo misionero.

Nuestro sol, fuerte, vital, en su pasaje
hace bullir la vida, sin parar, durante el día;
no pone freno a su accionar.¿Qué pasaría
si no opusieras tu calma a su ímpetu salvaje?

Señalado servicio el que nos prestas,
queremos corresponder a tu bondad innata
y pese a que nuestra tierra no es extensa,

ofrecemos para que admire tu mirada experta,
nuestras plantas, arroyos y cascadas, el Moconá, las Cataratas.
¿Es suficiente para tí la recompensa?

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