Mansa lluvia que caes blandamente,
la tierra, las plantas, todo te recibe con albricias,
eres como una mano suave que acaricia
tocando los pétalos y hojas delicadamente.
Y cantas con tono igualmente reposado
una canción sencilla, de contenido profundo
que a través de las edades viene escuchando el mundo,
canción quizás la primera que en la tierra se ha entonado.
Y se te oye con agrado, en tu voz no hay estridencias,
no llevas contigo el rayo aterrador
ni te acompaña del trueno el hondo y broco clamor.
En tu cuerpo y en tu canto no hay signos de violencia.
Yo te escucho con gozo y sé bien que una vez más,
a pesar de que me ocultas el límpido azul del cielo;
el patetismo con que lo cubre tu velo
podrá ser tristeza en principio, más al cabo será paz.
sábado, 11 de julio de 2009
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