Estrella lejana que estás muy distante,
siempre que recibo la luz que me envías,
y que llega a mi mundo tan blanca y tan fría,
sacude a mi mente una idea inquietante.
Tu luz tiene una paso veloz que nada supera
y no obstante haber partido un lejanísimo día,
tan lejano que el humano aún no existía,
no te vemos como eres sino como eras.
Y mi alma se inquieta y también mi pensamiento
pese a lo viva de mi admiración, y mi placer por la belleza que revistes.
Porque habrá siempre una sombra en mi contento,
pues nunca sabré si tu luz es postrer exhalación
y si en este momento aún existes.
sábado, 11 de julio de 2009
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