Alma mía, preocupado estoy por tu suerte;
mi cuerpo polvo es y volverá a la tierra,
pero tú; me desazona y aún me aterra,
¿dónde serás llevada tras mi muerte?
Porque eres aquella parte de mi ser
a la que se prometió el premio de un cielo eterno,
o el castigo de un también durable infierno
¿es ello verdad? Nadie lo confirmó ni volvió de allí.
Para ser premiado o castigado se han fijado condiciones:
practicar el bien, conservar la pureza y de mí, yo severo juez
bien sé que tuve fallas, fallas una y otra vez.
¡Oh! cuántas quisiera borrar de mis acciones.
Alma mía, ya comprenderás mi desazón;
¿tendrás tú un gozo eterno, será eterno tu sufrir?
No se sabrá mientras viva, antes tengo que morir.
Más si fueras castigada, ¿cómo obtendré tu perdón?
sábado, 11 de julio de 2009
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario