viernes, 17 de julio de 2009

Mi riqueza

Nada posees, me dicen, tienes las manos vacías,
flaca es tu bolsa, con escaso contenido;
el oro y las joyas te son desconocidos,
¿Cómo puedes entonces tener gozo y alegría?

¡Oh! mucho poseo, respondo, mis bienes son cuantiosos,
no se cotizan en la Bolsa, no se guardan en los bancos,
no tienen del oro su dorado ni de la plata su blanco
y a pesar de ello me son queridos, valiosos.

Yo no los busco, se ofrecen ellos a mí;
basta con mirar el cielo, las nubes, las aguas; la sugestión
que su vista me produce. O la honda vibración
de la vida, sus misterios. Donde miro están ahí.

¿Y que decir de los sueños y vuelos de mi alma
hacia regiones azules, adonde va tantas veces?
De ellos trae vivencias que la nutren y enriquecen
y permiten que en medio de tumultos tenga gozo y tenga calma.

Tales son mi riqueza, valen para mí, no las ostento,
las mantengo en mi interior a salvo de miradas,
aunque sé que por otros no serían codiciadas.
Yo solo les asigno valor, más bastan para mi contento.

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